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Con retraso y a tropezones os presentamos este número de febrero. Es abril, lo sabemos, pero hemos suspendido el tiempo y sólo ahora volvemos a salir a la calle. Nuestro compañero, camarada, amigo, amante, hermano Pablo Molano se marchó el pasado 14 de febrero dejando un hueco imposible de obviar para nosotras, el equipo del Altaveu.

Lo despedimos con la misma intensidad con la que él vivió a nuestro lado. El Ateneu La Base y centenares de personas más lo bailamos durante largas horas en la noche, lo sacamos a la calle y nos apropiamos de su muerte; de la muerte. El barrio pudo verlo y de ello estamos orgullosas. En este número hemos querido daros a leer uno de los varios artículos que se publicaron sobre esa vivencia:”El vetlatori de Pablo Molano”. Esperamos que os guste.

La muerte es quizá la experiencia más humana posible e, incomprensiblemente, la más alejada de nuestro cotidiano. Un abismo del que más vale apartar la mirada: puede engullirte. Estos días, nos hemos asomado a él acompañadas de muchos afectos. Seguimos afectadas y también queremos seguir afectándonos. El duelo es un camino largo.

En este número recogemos, como es habitual, algunos de los temas que afectan la vida en esta ciudad y en especial en el Poble Sec: la transexualidad en la escuela, la disputa del espacio público, la gentrificación del barrio… Si alguien sabía dejarse afectar por lo que sucedía en “la calle”, era Pablo. Os invitamos a seguir intentándolo con nosotras.

“Dicen que sólo los hombres y los animales dejan sobre la tierra fantasmas, pero yo vi piedras fantasmas, edificios fantasmas, porque de cada ruina, de cada piedra rota, mi mirada extraía lo que fue”. Wiliam Ospina, ‘El país de la Canela’.